Matéricos 11

Matericos 11

“Choritos, machas, jaivas, locos,
erizos y pisco sour.
Siempre estamos yendo al Pacífico.....”

MP: ¿El Taller ha viajado con mucha frecuencia a Chile, ¿a que se debe?

MB: Hay cuestiones muy propias, es decir de mi historia personal, y luego se suman aspectos acadÈmicos o culturales, de  la din·mica del equipo docente de la c·tedra, mejor dicho. Tengamos en cuenta que yo cumplÌ en el aÒo 2009, 25 aÒos de docencia, unos 30 de arquitecto, y esto lleva a que hay que considerar variadas, y antiguas influencias.

P: Si bien Chile está muy cerca, no es frecuente el intercambio y menos en la década del 80.

MB: Si, claramente.
En nuestra educaciÛn, los paÌses limÌtrofes en partÌcular y los latinoamericanos en general han sido siempre poco destacados y referenciados por la cultura ìoficialî.
O sea que, salvo para constatar sus relaciones con la ìmodernidadî, esto es central y fundamental para entender las lÛgicas de producciÛn e interpretacion de la arquitecura en la Argentina, por lo menos, nunca interesaron en los aspectos formales, o estÈticos, y  mucho menos Èticos.
La cultura, y mas precisamente la artisticidad latinoamericana, tanto ìcultaî como popular, yo la registro ˙nicamente, un poco, a partir de la militancia polÌtica en la universidad, antes del 76 y despues del 82.
Pero en lo personal, ocurriÛ otra cosa.
Mi primo hermano, Jorge Berrini, rosarino, unos aÒos mas grande que yo, tenÌa una novia mendocina, que habÌa conocido mediante los viajes del rugby a esa provincia.
El padre de la joven dama, de apellido Mateo, era presidente de la AsociaciÛn de Tenis, que en esa Època dirigÌa ese deporte en Mendoza y Chile conjuntamente, seg˙n creo, era una sÛla UniÛn.
O sea que yo, desde aproximadamente los 17 o 18 aÒos (serÌa aÒo 1970), antes de comenzar mis estudios en arquitectura, visito ViÒa del Mar, precisamente Costa Brava, donde esta familia habÌa construÌdo una casa de madera, en un mÈdano de 70 m. de altura sobre el mar, casi sin vecinos, ni telÈfono, ni pavimento. 
Un paraÌso frente al pacÌfico, eso de habitar asomadamente, que luego comprendÌ puesto en poÈticas palabras.
Yo escuchÈ una emisiÛn de radio fm en Chile, una hermosa noche, mirando el mar, con un pisquito, por primera vez, en esa Època, todo lo que era radiofonÌa tenÌa mas desarrollo que en la Argentina, por lo menos en Rosario, supongo por las distancias, y las necesidades de comunicaciones del trabajo y la emergencia.
El cruce de la Cordillera lo hicimos algunas veces en un R12, antes en un Peugeot 403 azul de mi padre, pero por el Cristo Redentor, o sea que era una verdadera odisea automovilÌstica, casi todo ripio, sin el T˙nel Internacional, camino muy angosto, mucha altura. Sin embargo, recuerdo Los Caracoles siempre con un piso mejor que el mendocino. DespuÈs,  Chile construyÛ su parte del t˙nel y del lado nuestro demoramos muchos aÒos m·s, en fin, esto tiene que ver con la falta de interÈs, polÌtico y cultural, quiero decir en nuestro paÌs.  
Al frente de mis primos, pero unos metros mas abajo en la pendiente de la duna, vivian un cura y una especie de constructor, que se dedicaba a enderezar casas de madera luego de los sismos, con unos gatos hidr·ulicos y otras maÒas, las nivelaba. Ambos hombres muy mayores, r˙sticos y fuertes, amantes del mar, la madera, los mariscos y el pisco souer, preparado al  atardecer, mirando el sol caer en el horizonte amarillentoÖÖ..
Nunca faltaban unas machitas, que se compraban temprano a la maÒana, en la caleta de Con-Con o en Higuerillas.
A eso de las once de la maÒana, conjuntamente con estos prominentes vecinos, y a las lindas damas de la familia de  diferentes edades, comenzabamos a limpiar las conchas marinas. Una por una, a veces las compr·bamos en cantidad, y traÌamos una bolsa de alpillera llena -como de 50 kg-, chorreando algas y agua salada, muy baratas, que duraba unos dos o tres dÌas, para los asistentes, que siempre eran unas doce o quince personas.
Se sabe que en Chile se baja a la playa sÛlo por la tarde, la maÒana es para el trabajo, aparte de la bruma que cubre cotidianamente el cielo hasta el mediodÌa.

P: Si, es una situación como de desconocimiento, respecto de la arquitectura mas aún.

MB: En Argentina no apreciamos la valoraciÛn que en otros paÌses se tuvo hacia nuestra cultura, mas precisamente de Buenos aires, y que hoy persiste. Digo sobre todo de la costa oeste, de la cordillera, y a˙n en el Caribe. De ellos a nosotros, ya que aquÌ no se les tuvo afecto, nunca, y menos a los aspectos mas autÛctonos, como la construcciÛn en madera. Ac· prevaleciÛ la tradiciÛn ladrillera mas espaÒola, y finalmente lo italiano. Desde ya que el folclore en el mas amplio sentido cultural y artÌstico, de estos paÌses y el local, tambien padeciÛ su ostracismo, si vale la palabra, como otras disciplinas y expresiones.

P: ¿Como siguió tu interés por Chile?

MB: Luego, apenas recibido, en el aÒo 82, me parece, hicimos un viaje con Pepo Ronga, reciÈn casado con Tuc· Costamagna, es decir viaje de bodas de ellos, y yo con mi compaÒera en esa Època, MÛnica Puig.
El pap· de Tuc·, les regalÛ una chata Chevrolet C70 con c˙pula, bastante nueva en ese entonces, pero con caja de tres marchas y un motor de seis cilindros, poco flexible en la montaÒa, sumado el apunamiento, pero muy noble. Unicamente tuvimos un problema antes de salir de Jujuy.
Emprendimos viaje a Machu Pichu por La Quiaca-VillazÛn, cruzamos Bolivia, el Titicaca, y luego volvimos por Arica, en la frontera Per˙-Chile, despuÈs de recorrer en cuatro dÌas seguidos 4.000 km, por el desierto del sur de Per˙, a un promedio no mayor de 80 km/h.
Circulamos por todo el norte de Chile, bajando hasta ViÒa, donde mis primos en esa Època, ya radicados allÌ, tenÌan un restor·n en ReÒaca, se llamaba Punto Rojo. Un trayecto de mes y medio, inolvidable.
Luego seguimos yendo con asiduidad, en los veranos, semanas santas, etc.
TambiÈn hicimos otro viaje que me marcÛ mucho, en lo emocional.
Cuando naciÛ Juli·n, un 12 de Diciembre del ¥91, yo ya me habÌa casado con la madre de Juli, y a los pocos dÌas partimos para pasar la navidad en Chile, crucÈ la cordillera con mi hijo en un moisÈs, en el asiento posterior del auto, tenÌa sÛlo diez dÌas de vida.
Luego, cuando el ya tenÌa unos tres aÒos, bajamos hasta ChiloÈ, por Bariloche, unos 8.000 km en auto, en 15 dÌas, en fin, ya Chile funcionaba como un im·n muy fuerte, en lo personal.

P: ¿Y la relación con la arquitectura chilena?

MB: Eso vino mucho despuÈs, en el ¥97 o el ¥98.
No obstante, tengo que reconocer que un arquitecto argentino, sobre el cual tengo un enorme respeto, Jorge Moscato, siempre me hablÛ de Chile, de Cristian Boza, su amigo y socio, y tambien yo venÌa leyendo artÌculos desde el principio de mi formaciÛn profesional, de Eduardo Browne, b·sicamente sobre arquitectura latinoamÈricana.
Nosotros como Taller habÌamos transitado un cambio muy grande, Èramos claramente la avanzada en la cultura arquitectÛnica acadÈmica argentina sin buscarlo, sin falsa modestia, obviamente, en esa Època, no sÛlo en Rosario sino en otros ·mbitos, y asÌ establecimos contactos diversos.
HabÌamos realizado el mÌtico ìEncuentro de Arquitectura Latinoamericanaî y  est·bamos muy lanzados, en Èl participaron Solano BenÌtez, Angelo Bucci, Milton Braga, Pablo Beitia, Javier Corval·n, Claudio Vekstein, en fin, no faltÛ nadie.
Ahora no me acuerdo muy bien, pero una vez vinieron de un viaje, creo que Walter Taylor y Quique Franco, en ese entonces reciÈn ingresados de docentes en el Taller, y habÌan casualmente recorrido Ciudad Abierta.
Nos mostraron algunas fotos y empezÛ todo.
De todos modos al Flaco Galli, no le interesÛ mucho, ya que esas primeras im·genes  eran un poco difÌciles de digerir, para el Flaco eran invisibles, realmente ning˙n interÈs.
Decidimos armar un viaje, pero los docentes de la CatÛlica pidieron venir antes, muy cautos y recelosos con nosotros, supongo y despues constatÈ, con cualquier otro visitante, idÈnticamente.
Esto se concretÛ en el aÒo 2000, cuando el Flaco unos meses antes habÌa fallecido.
Viajaron David Luza e Iv·n Ivelic, tenÌan 30 aÒos ambos, mas o menos.
Dieron unas conferencias y montaron una muestra muy atractiva y sujerente en el SUM, donde el principal tema era el enfoque de Amereida, es decir la poÈtica del territorio.
No supimos mas nada de la actividad de la Escuela, y quedamos en viajar.
 
El primer viaje, no me acuerdo bien los aÒos, pero todavÌa se realizÛ con el dÛlar 1 a 1, entonces era muy f·cil moverse, por lo favorable del cambio.
Contratamos cuatro colectivos, nos hospedamos en el hotel O¥Higigins, famoso por los festivales de cine, en pleno centro de ViÒa, una pasada!!!
Eramos 170, entre docentes y alumnos, yo andaba con mi hijo Juli·n que tenÌa unos 8 aÒos, nos acompaÒaron docentes del grupo de Pablo BeitÌa. Hicimos un acto poÈtico en la duna, de apertura de los terrenos, que nos marcÛ verdaderamente, y lo publicamos en una MatÈricos, la de tapa blanco y negro que estamos todos tomados de la mano en ronda.
Pero no lo pude disfrutar mucho, ya que no estaba preparado para conducir semejante embrollo, aparte no tuve la colaboraciÛn debida, es m·s, se generaron conflictos internos que me debilitaron en mi atenciÛn a la relaciÛn con la Escuela.
En Rosario tambien presentÛ por esa Època una charla Pancho Torrent, que ya vivÌa en Chile, que incluyÛ el tema de Ciudad Abierta, otros docentes tenÌan referencias, en fin, fuÌmos conociendo m·s.

P: ¿En esa época obtuviste la beca?

MB: SÌ, en el 2002 creo, yo estaba tratando de mantenerme como titular interino del taller,  hasta el concurso, pese a los embates del sector oficial radical de la Facultad de ese momento.
Me enterÈ tardÌamente del programa del Fondo de Mejoramiento Educativo, que financiaba el Ministerio, y que en la Facultad administraba en ese entonces el Vicedecano Di Bernardo.
Todos estaban proponiendo experiencias en Estados Unidos o Europa, y te financiaba un pasaje ida y vuelta, en uno o dos meses. La experiencia tenÌa que estar alrededor de el desarrollo de actividades que mejoraran la relaciÛn -en la currÌcula- de la materialidad y el proyecto arquitectÛnico, y se constituyera como ìpasantÌa docenteî en alguna c·tedra, instituto, centro, etc., en esos lugares.
AsÌ, yo tenÌa poco tiempo y lo armÈ con la Escuela de ValparaÌso, tampoco tenÌa consistentes relaciones en el viejo mundo ni en NorteamÈrica, y transformÈ un viaje en aviÛn en seis viajes por tierra, con estadÌa, y tambiÈn compaÒÌa, ya que a veces me acompaÒÛ Anita, y alguna vez fuÌ con Juli·n, ya con 11 aÒos.
AsÌ estuve viajando un semestre entero, y lo completÈ con recursos propios.
Me costÛ mucho ser admitido, casi les impuse mi integraciÛn, ayudado por la familia de Iv·n Ivelic, y su mismo padre Boris, una autoridad de la Escuela pero al director no le caÌa bien, insitÌa que ellos no me podÌan enseÒar nada, un duro de aquellos, muy dogmatico, pero aprendÌ muchas cosas con ese grupo de peronas tan sÛlidas con lo propio, y firmes con su propia construcciÛn.
Pero la recompensa fuÈ muy grande, proporcional a mi insistencia: ese aÒo la Escuela cumplia 50 aÒos de su creaciÛn, fuÈ una impresiÛn muy fuerte, me participaron de todo ya que era el ˙nico ìextranjeroî que deambulaba por sus aulas, patios y pasillos, metiÈndo narices en todo lo que pudiera.
En esa etapa, la Escuela fuÈ invitada a  poner una muestra en Barcelona.
Participamos de la confecciÛn, una especie de im·gen que se pegÛ en un piso, parecido al mapa de Montevideo en la Municipalidad de esa ciudad, pero referida a las TravesÌas y Amereida, y que se montÛ en el COACataluÒa.
Tambien fuÌmos a un acto de celebraciÛn y presentaciÛn de un libro alucinante en homenaje a Alberto Cruz Covarrubias, ìDon Arquitecturaî, con textos y dibujos de Èl mismo, un maestro fundador de  la Escuela. Esto se hizo en el Museo de Arte de Santiago, que dirige el tÌo del Iv·n.
Bueno, hay muchas otras anÈcdotas, ya que el grupo de docentes estaban muy sensibilizados y movilizados. Obviamente, asistÌ y participe en el trabajo de los equipos docentes, estuve en todas las clases y enchinchadas que pude y dÌ un par de charlas, sobre Rosario.  
  
P: ¿Y luego como sigue la relación?

MB: Yo ofrecÌ que vengan a Rosario con una TravesÌa, esto tambien consolidÛ el intercambio Estuvieron casi 15 dÌas en Rosario, con AndrÈs GarcÈs y Juan Purcell, un maestro de unos setenta aÒos, que quedÛ viudo, se casÛ de nuevo y tuvo un hijo. Vino de TravesÌa como si nada.
Alumnos, unos 40 mas o menos.
Esto nos sirviÛ para conocer desde adentro una experiencia de TravesÌa y participar con ellos en su construcciÛn.
Unos meses antes me mostraron lo que ellos podÌan realizar aquÌ, y que tambien  llevarÌan en el mismo viaje a la FADU.
En la FADU, se realizÛ en el Hall de planta baja, todo en madera, fenÛlico mas precisamente, con un armazÛn que le permitÌa desarmarse y conformar de ese cubo original de unos 4 metros de lado, partes que se habrÌan en varias posiciones distintas, siempre especulando con la situaciÛn de exterioridad-interioridad, es decir el objeto escultÛrico que se puede habitar. Es en  realidad una instalaciÛn espacial.
AquÌ prepararon una estructura de tubo cuadrado de 20 x 20, esbelta, soldada, y cerrada con chapa de fe ondulada pl·stica, metal desplegado,  y acrÌlico, muy lindo en su juego de transparencias y luces y sombras. Me consultaron dÛnde se podÌa colocar y estuvo asÌ en la terraza de nuestra Facultad, casi tres o cuatro aÒos.
Tal como lo plantean ellos, son estructuras efÌmeras, dÈbiles ante la interperie.
Un par de tormentas con viento muy fuerte lo voltearon y despues se fue desarmando.
TambiËn se podÌa habitar, es decir permitÌa por ejemplo sentarse o estar en su interior. O a su sombra, que era muy sugerente.
Estos diseÒos eran de distintos grupos de estudiantes, se realizan durante el curso y luego el mejor diseÒo es construido entre todos.
El trabajo que hicieron aquÌ, fue impresionante, estudiantes y docentes, muy concentrados y todos trabajando con el mismo rigor y sin ning˙n privilegio para nadie.
Nosotros convocamos dos herreros ex alumnos del taller, el Tucu Ramos Giambatista y Maurito ArÈvalo, que ayudaron mucho.

P: ¿Cuales han sido las actividades mas recientes?

MB: El viaje a Rosario en ciclo de Doctorado sobre Paisajes Culturales de Iv·n Ivelic y Rodrigo Saavedra, estuvo bien como aporte de lo que ellos trabajan ahora, como proyectos docentes, mas personales, ese tema mas puede contar Anita, que lo organizÛ...
Luego vino nuestro interÈs por hacer una TravesÌa, y nos pusimos a trabajar en ello.
La actividad de la TravesÌa es muy antigua y fundacional respecto de la historia de la Escuela. Hace a su tradiciÛn y prestigio, es inherente a su mismo origen, pero con presiciÛn y detalle conceptual, se puede consultar sus p·ginas web.
Pero mas o menos es asi:
Se realiza todos los trimestres finales, en primavera, ya que la Escuela se organiza en tres trimestres, el primero y ˙ltimo para arquitectura y el del medio para las teÛricas. El del final se viaja en TravesÌa.
La totalidad de los docentes, en grupos de a dos o tres, a veces mas, con un conjunto de alumnos que pueden ser grupos grandes, un autobus o dos, parten a construir una obra en alg˙n lugar de LatinoamÈrica.
Esta obra es proyectada antes, y luego se ajusta en el lugar, que siempre es un sitio de paseo p˙blico, con fuerte impronta natural.
Los docentes responsables arman la logÌstica, comidas para todos los dÌas, desayuno, almuerzo y cena, todo autoconstruÌdo, con alg˙n docente o adscripto a cargo, todo en equipo, organizan las compras en relaciÛn a los productos del lugar, los mas baratos, en cantidades enormes, y esto es tambien un proceso educativo muy importante. A veces se contrata cocineras, si el gurpo es muy numeroso.
Hay frecuentemente, traslados aÈreos o marÌtimos, que se coordinan con la Armada o la Fuerza AÈrea, bastante aceitadamente, permite bajar costos.
Tambien se combina con la autoridad municipal o comunal, la obra y la proviciÛn de materiales.
Estos dispositivos espaciales u ìobras de TravesÌaî, son donados finalmente a la comunidad.

P: ¿Cual travesía fué la que ustedes hicieron?

MB: Con Anita nos conectamos con Iv·n, y le pedimos ir, en principio no sabÌamos que tenÌan preparado.
El lugar que nos tocÛ, es el pueblito de QueilÈn, en ChiloÈ, frente mismo al volc·n en erupciÛn ChaitÈn, unos 1000 km al sur de ValparaÌso. Una bahÌa donde se cultiva choritos y otros moluscos y almejas, con bastantes problemas de mantenimiento de su cultura y fuente de trabajo. La vista del volc·n es maravillosa.
Nos hospedamos en una escuela primaria, con hospedaje estudiantil y una gran cocina, muy apropiado para el gurpo. Los docentes y nosotros alquilamos unos hostels, cruzando la calle.
La Escuela preparÛ en ValparaÌso unos proyectos de lo que llaman ìescaÒosî, que originalmente eran unos trabajos pr·cticos de la materia de C·lculo.
Estos estudiantes de primer aÒo hacen unos diseÒos estructurales como si fueran unos puentes, en escala 1 en 1, de mas o menos seis o siete metros de largo.
En ese tamaÒo, se puede usar como un banco, es decir que si hacen varios, tenemos varios bancos, todos con distintos modos de apoyo, y resoluciones de cubrir la flexiÛn... muy bueno.
Tambien estos mismos alumnos, me contaban, hacen en el primer cuatrimestre aproximadamente 400 dibujos a mano alzada cada uno, con birome, y luego al final del aÒo van de TravesÌa.
Como ven, una experiencia muy distinta a la de Rosario.
Con esos proyectos de los escaÒos en la carpeta, se realizÛ un piso de madera  elevado unos centÌmetros de la duna, que cumple funciones de plazoleta o rambla, y que se ubicÛ en el primer lugar de la puntilla (que separa los dos mares y conforma la bahÌa), dÛnde se tiene esa vista ex·ctamente: es decir a ambos lados, agua.
Con ese estÌmulo poÈtico-territorial, con un espacio para hacer curanto o simplemente un fogÛn, y con unas terminales que incluÌan sobre las playas estos bancos, m·s una escultura, se definiÛ la obra, mediando la construcciÛn de los escaÒos.
Se consumiÛ aproximadamente dos camiones de madera de distintos tipos, provisto por la Comuna de QuilÈn, cuya encargada de Obras p˙blicas, era egresada de la Escuela. 
Se puede ver en las fotos todo el proceso, desde el primer dÌa de recorrido hasta la inauguraciÛn.
Debo decir que fue una constataciÛn muy precisa de esta manera de producciÛn de conocimientos, muy efectiva y consistente.
Pudimos comprobar tambien la condiciÛn de obra abierta, es decir que se va discutiendo sobre la marcha, entre todos, los docentes por supuesto, y que luego se comparte con los estudiantes.
Este trabajo del compartir es durante las comidas, con enchinchadas, y lecturas de textos alusivos, por parte del poeta, o a veces del cura-poeta. Los titulantes o adscriptos, tienen un protagonismo muy importante, en todo el proceso.
Yo habÌa quedado muy marcado por haber presenciado hace unos diez aÒos, los prepartivos de una TravesÌa en Ciudad Abierta, que se iba a construir en BahÌa de San Salvador.
Montaron una estructura de hierro desarmada, para luego soldar en una plaza de esa ciudad brasileÒa, sobre el techo del autobus, y viajaron cuatro dÌas sin parar, luego lo mismo al regreso. Impresionante.
En fin, es muy difÌcil de explicar, no hay nada mejor que estar ìabiertoî, involucrado y decidido a aprender.  
  

 

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